El juicio por el crimen de Mercedes Kvedaras entró en su fase decisiva con el alegato de la defensa de José Figueroa, una alocución de cuatro horas centrada en cuestionar los pilares de la fiscalía y la querella.
Los abogados Juan Casabella Dávalos y Gabriela Martínez arremetieron contra los informes del CIF, denunciando un "falso testimonio orquestado" y defendiendo la teoría de una muerte abrupta y accidental durante un forcejeo. Más allá de lo médico, la defensa intentó derribar la figura del femicidio argumentando la inexistencia de un ciclo de violencia previa o asimetría de poder, describiendo al imputado como una personalidad "estoica" que reaccionó de forma primitiva ante un detonante emocional.
Crimen en el country: la querella pidió investigar por falso testimonio a tres peritos de la defensaAl negar sistemáticamente la existencia de violencia de género y cuestionar la rigurosidad de los informes cientificos, los defensores plantearon una última resistencia: convencer al tribunal de que Figueroa no es un femicida, sino un hombre que sufrió un quiebre psicológico, solicitando así una condena reducida de 10 años.
Conmoción y soledad técnica
Casabella Dávalos inició su alocución admitiendo el peso de un proceso que calificó como uno de los desafíos más complejos de su carrera. El letrado confesó que la noticia lo "conmocionó especialmente", un impacto que trascendía lo jurídico: el abogado fue compañero de estudios de la madre del imputado y conocía a Figueroa desde su niñez. Esta conexión personal dotó de una carga singular a una labor que definió como "indelegable".
Crimen en el country: la fiscalía pidió perpetua para José Figueroa tras un alegato implacableBajo ese marco, describió un clima de hostilidad en Salta, subrayando la soledad técnica en la que se encontraba el acusado tras el hecho: "Prácticamente no encontraba en un principio quién lo quisiera asistir", señaló, aludiendo al profundo rechazo social que blindó el caso en sus primeras horas.
Debido a la magnitud del escándalo y la presión pública en la provincia, la defensa aseguró que tuvo que recurrir a profesionales de fuera de Salta para conformar su equipo pericial. Casabella relató que la asistencia inicial fue coordinada con la defensora oficial, Cecilia Martínez, y que fue necesario buscar expertos que aceptaran intervenir en condiciones sumamente difíciles, incluyendo visitas a la cárcel en momentos de alta tensión.
En este bloque inicial, Casabella planteó el rechazo absoluto y terminante al reclamo indemnizatorio de la fiscalía, argumentando que los jueces penales están inhabilitados para concederlo si no fue previamente reclamado por la parte interesada, según el artículo 29 del Código Penal de Salta.
¿Suicidio ficticio o riesgo real?
La defensa desmintió tajantemente que el intento de suicidio de Figueroa fuera un acto "ficticio". Citó informes médicos que confirmaban un "corte profundo en la garganta" y una pérdida masiva de sangre que requirió cirugía de urgencia, dejando al imputado en un estado de "llanto permanente" y "angustia continua". "Él sí tuvo riesgo de vida", enfatizó Casabella, criticando que fuera sometido a actos procesales en ese estado de quebranto emocional.
Asimismo, subrayó que Figueroa "jamás modificó ni un ápice" de su declaración y que es "falso que nunca hubiera pedido disculpas", citando los mensajes de perdón enviados a su madre y a su suegra apenas ocurrido el hecho.
La batalla de los peritos y los "carpetazos"
Casabella denunció lo que calificó como una estrategia de "carpetazos" por parte de la acusación para desacreditar a los peritos de la defensa mediante ataques a su matriculación o idoneidad.
Defendió la labor del criminalista Enrique Pruegger y su método de metanálisis, señalando que es el único que lo aplica en el país para determinar la dinámica de los hechos.
Especial énfasis puso en la defensa de Daniel Dip, médico de parte que participó en la autopsia. Casabella aseguró que es falso que Dip se haya retractado de sus conclusiones: "En verdad fue el único, el único de los que no se retractó", afirmó, explicando que Dip sostuvo lo que firmaron los tres peritos: que la muerte pudo producirse por compresión "manual o braquial antebraquial del cuello".
Cabe recordar que tanto la fiscalía como la querella en sus alegatos pidieron la investigación a Dip por falso testimonio.
Cuestionamientos a la autopsia
La defensa acusó al médico del CIF, Daniel Chirife, de un "falso testimonio orquestado". Exhibió fotografías para demostrar que las marcas transversales en la espalda de la víctima no eran lesiones del hecho, sino "marcas de los apoyos en la cama de autopsia".
Además, explicó que la autopsia no muestra lesiones en la parte frontal de la laringe, lo que descartaría una estrangulación manual directa de frente. Según la defensa, las lesiones laterales son compatibles con un forcejeo donde Figueroa la sujetó con el brazo en medio de una dinámica que terminó en la bañera, provocando un latigazo cervical que causó una muerte "repentina y abrupta".
A pesar de los cuestionamientos, Casabella no pidió que el profesional sea investigado formalmente.
La psicología del "estoico" y el chispazo de la tragedia
La defensa técnica describió a Figueroa como una personalidad con un "intenso control de sus emociones" o "actitud estoica". Según esta teoría aportada por el psiquiatra Osvaldo Navarro, Figueroa reprimía tensiones frente a las infidelidades y el duelo de la separación, convirtiendo su hogar en un "ambiente cerrado con fuga de gas" donde solo faltaba un chispazo.
Ese detonante fue la discusión de la mañana del crimen, donde Mercedes, según el relato de Figueroa y lo confirmado por su hijo en Cámara Gesell, estaba "alterada" y gritaba.
La frase de la víctima diciendo que "en algún lado la tenía que pasar bien", según la defensa, habría provocado una "reacción absolutamente primitiva" y un "pasaje al acto" sin reflexión de medio instrumental alguno.
Negación terminante de la violencia de género
La codefensora, Gabriela Martínez, sostuvo que no existía una relación de sometimiento ni asimetría de poder, calificando el hecho como un "conflicto de pareja grave". Para intentar evitar la condena con el agravante de violencia de género, Martínez argumentó que:
No hubo violencia económica: Figueroa le proveía un buen pasar, le había cedido bienes gananciales y le estaba buscando una nueva vivienda tras la separación.
No hubo miedo: citó un mensaje de Mercedes donde decía: "Me duele tanto todo y no es miedo, es dolor".
Fidelidad y autonomía: Mencionó el "deber moral de fidelidad" del Código Civil y señaló que Mercedes era una mujer con "autodeterminación" que nunca utilizó el "divorcio express" para terminar el vínculo.
Trato recíproco: citó mensajes donde la víctima insultaba a la madre de Figueroa, argumentando que esto no se condice con una mujer sometida.
La explicación de la emoción violenta y el pedido de pena
Para cerrar, Casabella aclaró que no solicitaba la inimputabilidad (ya que Figueroa comprendía lo que hacía), sino la figura de emoción violenta como una causal de inculpabilidad donde la voluntad pasa a un segundo plano y no hay libertad de opción para actuar de otro modo. Comparó la situación con la necesidad imperiosa de respirar tras estar bajo el agua: la energía acumulada necesariamente debe ser liberada.
Bajo la premisa de que Figueroa actuó desde un "colapso emocional" y considerando su arrepentimiento y falta de antecedentes, la defensa solicitó el encuadre en el artículo 82 del Código Penal y la imposición de la pena mínima de 10 años de prisión.